Tipo: Cultural.

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El Renacimiento se difunde en Huesca en el siglo XVI. Esta corriente artística representa la vuelta a los gustos clásicos y en Aragón se mezcla con otras dos corrientes artísticas, el gótico y el mudéjar. Las características más destacadas de este estilo son la utilización del ladrillo a cara vista, fachadas de paramentos lisos con la parte bajo de piedra, grandes ventanas rectangulares, y motivos decorativos de influencia mudéjar.Durante este periodo el aumento de la importancia de la actividad comercial e industrial propicia que la nobleza abandone sus castillos y se muden a los núcleos poblacionales, construyendo allí sus nuevas residencias. Esto modificó la fisonomía de las ciudades y pueblos aragoneses con suntuosos palacios y grandes iglesias.En la ciudad de Huesca se pueden encontrar varios de estos palacios como Casa Oña, Casa Claver, Casa Aisa o Casa Ena, pero los más destacados son el Palacio de Villahermosa y el Ayuntamiento. Fuera de la capital no faltan otros ejemplos de palacios renacentistas aragoneses, como el Palacio de los Marqueses de Urriés en Ayerbe o la antigua Casa Consistorial de Loarre que actualmente acoge una Hospedería de Aragón.En cuanto al arte religioso del renacimiento tenemos varias muestras importantes. El retablo del Altar Mayor de la Colegiata de Santa María la Mayor de Bolea, obra maestra de la pintura del primer Renacimiento español con 57 esculturas de madera policromada. Y en el arte escultórico el Retablo Mayor de la Catedral de Huesca, realizado en alabastro por Damián Forment y el retablo de la Abadía de Montearagón, obra de Gil Morlanes, que se encuentra en el museo diocesano de esta Catedral